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Thomas Popkewitz, doctor en Educación
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"Las escuelas se yuxtaponen con
muchos otros espacios sociales"
Thomas Popkewitz es profesor en la
Escuela de Educación de la Universidad
de Wisconsin, en Madison, Estados
Unidos. Hizo su doctorado en Educación
en la Universidad de Nueva York y es especialista
en teoría del cambio y reforma
de los sistemas educativos, formación docente
y educación comparada. Ha publicado
ocho libros y cientos de artículos en
revistas académicas de todo el mundo. A
partir de sus investigaciones actuales sobre
el cosmopolitismo y los impactos de
la globalización en la educación, escribió
su último libro, todavía no traducido al
español: Cosmopolitanism and the Age of
School Reform. Science, Education, and
Making Society by Making the Child.
Ana Abramowski
Inés Dussel
Fotos: Luis Tenewicki
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-¿Sobre qué trata su último libro?
-Bueno, uno termina de entender de qué trata su libro
después de encontrarse con muchos lectores. Pero digamos
que intenta comprender el presente, y la relación
entre las ciencias de la educación y la enseñanza, a través
de pensar el cosmopolitismo. Cosmopolita es una
palabra que ha vuelto a estar de moda, pero cuanto más
leo sobre eso me parece todavía más necesario entender
sus usos históricos para comprender la escuela moderna.
¿Por qué digo esto? En alguna medida, la escuela
moderna está construida sobre los ideales de la
Ilustración, que tienen que ver con un individuo que
usa la razón y la racionalidad. Entonces, ¿qué trato de
hacer? Toda la literatura de hoy está hablando sobre la
ciudadanía global, la sociedad global, habla de las cuestiones
que parecen trascender a las naciones modernas
-gente que respeta la diversidad y a los otros- y es muy
importante en eso el uso de la ciencia. Y lo que yo traté
de hacer en el libro, en primer lugar, es entender cuáles
fueron las grandes innovaciones del pensamiento moderno. Por ejemplo, qué se entiende por razón, y
cómo eso configura la construcción de la identidad y
las formas de pensarse y referirse sobre uno mismo y sobre
los demás (lo que se llama el "yo", el "self").
Durante la colonización, venían los colonizadores y querían
ver si los indios tenían razón, si usaban la razón; pero
su noción de razón tenía que ver con en qué medida
ellos creían o no en Cristo. La noción de razón de la
Ilustración es otra: la noción de agency, que tiene que ver
con la actividad humana, cómo la gente puede hacer
cosas que afecten sus vidas si usa la razón. Cuando se
habla del empoderamiento también se usa este tipo de
discurso.
En la segunda parte del libro trato de pensar acerca
del nuevo cosmopolitismo, lo que yo llamo cosmopolitismo
inconcluso. Y en esa sección me interesa ver cómo
se construyen los miedos y las esperanzas en estas
ideas contemporáneas acerca de las personas. Hay que
remarcar que hay ciertas continuidades: todavía estamos
interesados en la razón y la racionalidad, en la actividad
humana (agencia) y el progreso, y también en el
yo en un sentido temporal. Al mismo tiempo, hay discontinuidades:
no son las mismas nociones de tiempo, de
agencia o de actividad humana que antes. Por ejemplo,
uno encuentra en las escuelas y en los chicos distintas
nociones de tiempo. Es una idea más variada del tiempo,
del tiempo comprimido, del tiempo extendido, distinta
a esta idea moderna del tiempo.
-Con relación a la cuestión de la esperanza y el miedo,
en la Argentina estamos más acostumbrados, y sobre todo
últimamente, a sentir más miedo que esperanza.
-No sé si hay más o menos, pero sobre todo remarcaría
que van juntos. Cuando uno habla con maestros,
encuentra lo que yo llamo la razón moderna: para expresar
algo los docentes tienen que apelar a sus sentimientos,
a lo que piensan que es el progreso, pero también
a lo que creen que es la degeneración (una idea
que fue muy fuerte a fines del siglo XIX y principios del
siglo XX). El progreso y la degeneración de la humanidad
eran las dos caras de una misma moneda. Y el
miedo y la esperanza, también.
-Esto de pensar juntos al miedo y la esperanza permite
también poner en relación lo racional con lo irracional.
-Es una observación interesante porque,
históricamente, se han tratado de
separar estas cosas. En el siglo XIX la
gente hablaba del Romanticismo como
una reacción contra la Ilustración
(la pasión contra la razón), pero en realidad
nunca estuvieron separados;
quizás institucionalmente fueron movimientos
separados pero, tomando la
construcción de la razón, son parte del
mismo fenómeno. Para mí eso es interesante.
Hay una pintura maravillosa
-en este momento no recuerdo el
nombre del autor- que son dos hombres
alemanes vestidos en sus ropas del
siglo XIX, muy finas, mirando un paisaje
pastoril. Esa imagen podría capturar
a esos hombres mirando un valle
con todo eso de lo racional y lo irracional
al mismo tiempo. Hay otro elemento
ahí interesante que es la religión,
y no lo digo en términos de la religión
institucionalizada sino en términos de
las ideas sobre la salvación y la redención que, por ejemplo,
están incluso muy presentes dentro de la ciencia,
que cree que su cometido es salvar a la humanidad. Por
lo general en la Ilustración se separaba la razón de la
irracionalidad, pero la razón tenía que ver también con
cuestiones morales, con cuestiones acerca de cómo uno
piensa y se siente en el mundo, con las emociones, y en
ese sentido combinaba lo racional con lo irracional.
-La cuestión de la salvación y la redención están
muy presentes en la educación, donde muchas veces
se plantea que los docentes deben salvar o redimir a los
chicos. ¿Por qué cree que los docentes nos sentimos
"llamados" casi religiosamente a "salvar" a los chicos,
en especial a los más pobres? ¿Y cuáles son las consecuencias
de pensar así?
-Bueno, el elemento de la salvación y la redención
están muy presentes desde la formación docente. Hay
un informe muy importante en Estados Unidos que se
llama "Formación docente. Enseñando por el futuro
de Norteamérica". Este informe es de 1996, y hay otro
que es del 2004 que se llama "El sueño (norte)americano".
En el lenguaje mismo uno se puede dar cuenta
de que están tratando de capturar algo de las teorías
de la salvación y redención. Dice, por ejemplo, que uno
tiene que volver a salvar el alma norteamericana. ¿De
qué se trata esa alma? Es el alma de los niños a través
del docente. Entonces, la estrategia retórica es decir:
tenemos que salvar el alma de los niños porque de esa
manera vamos a rescatar el alma de la sociedad. Y después
empieza a establecer la manera en que alguien debería
vivir; habla sobre el respeto mutuo, sobre la diversidad,
sobre el aprendizaje continuo. Esa es la parte
esperanzada del discurso, pero pronto el informe empieza
a decir quién no tiene eso, o no sabe hacer eso, o
no podrá tenerlo: el chico pobre de las grandes ciudades,
el chico en desventaja, el chico en riesgo. La retórica
afirma "todos los chicos pueden aprender" y allí
está la idea de qué es lo que todos deberían ser o cómo
deberían conducirse. Pero, al mismo tiempo, también
dice quiénes no son de esa manera, y se mencionan algunas
cualidades psicológicas: los niños desmotivados,
que tienen baja autoestima, familias disfuncionales, madres
divorciadas (es interesante notar que no hablan
de madres o padres divorciados). Y después se mueve
a categorías sociales: el abuso de drogas, las actividades
sexuales tempranas o las enfermedades sexuales. Y
luego trata cuestiones económicas como la pobreza. Ahí
uno puede darse cuenta de cómo empiezan a construir
un tipo de persona, qué es la que no encaja o la que no
se adecua a este modelo de sociedad, que viene definida
por todos esos rasgos (y los rasgos psicológicos de pronto
se ven asociados en forma determinista con ciertos
grupos sociales).
La ironía es que las ciencias sociales y las educacionales
fueron inventadas por reformadores -gente de las
ciudades, en general protestantes- y lo que hicieron fue
universalizar estas ideas de la integridad moral de ciertos
sectores sociales particulares, como una cuestión de
salvar a los otros sectores sociales. En distintas sociedades
hubo diferentes maneras de hacer esto. En
Estados Unidos, todo el mundo tenía que convertirse en
un norteamericano. Decían: está bien ser un italoamericano,
un judío americano, un asiático americano, pero
si se tiene en cuenta cómo está definida y escrita esa
palabra, lo que importa es que lo americano esté al final,
que es lo que determina. Yo entiendo que en la
Argentina fue un poco distinto, pero en Estados Unidos
fue un proceso fuerte de norteamericanización, sobre la
base de definiciones del "yo", de la persona, de la sociedad,
que venían de una minoría blanca y protestante.
Y hoy todavía existe esta discusión, lo que pasa es
que hay miedos distintos. Hay miedo a los inmigrantes
pero son inmigrantes diferentes a los de principios
del siglo XX. Entonces si uno es un inmigrante de
Escandinavia o del norte de Europa no hay problema,
en realidad casi puede decirse que no es un inmigrante.
Pero si viene de la frontera de México, sí es inmigrante;
y si usa una gorrita de béisbol y si es negro también
hay que tenerle miedo. En cambio, y esto es
interesante, es algo de las últimas décadas, si se trata
de un negro que se parece a un jugador de básquetbol,
está bien. ¿Por qué digo esto? Porque me parece que
hay que ser cuidadoso al hablar de la cuestión racial o
de las clases sociales, hay que ver cómo se racializan o
cómo se convierten en cuestión racial ciertas diferencias.
Y cómo la salvación o la redención se aplican desde
ciertos grupos (supuestamente en una posición de superioridad)
a otros en posiciones inferiores. No se renuncia
a la posición de superioridad, y eso es algo que
debería revisarse.
-Usted ha dicho que desde la matriz de la escuela
moderna se plantea cambiar a los niños para poder
cambiar a la sociedad. ¿Cree que todavía estamos tratando
de cambiar la sociedad a través de la manera en
que educamos a las chicas y a los chicos?
-Hay un presupuesto fuerte en ese planteo: lo que
hacen las escuelas es muy importante para la sociedad.
Y, en más de un sentido, es difícil decir que las escuelas
no son importantes. Las escuelas siguen siendo todavía
instituciones centrales en las sociedades pero, en
otro sentido, hay muchas otras cosas que son importantes,
que intervienen de maneras cada vez más significativas.
Por ejemplo, los videojuegos. Hay un autor inglés
que se llama Nikolas Rose que está haciendo un
trabajo sobre las biotecnologías y lo que le interesa ver
es cómo se hace un individuo "a medida" o, dicho de
otro modo, cómo la producción de un individuo es cada
vez más singular pero programada por la tecnología,
la medicina, la psicología, entre otros elementos. La escuela,
frente a la determinación genética, por ejemplo,
pasa a tener menos importancia. Entonces, todo eso me
dice que las escuelas quizás no son lo que antes se pensaba
que eran, pero eso no quiere decir que sean irrelevantes.
Sobre todo porque en las escuelas hay una cierta
producción de la subjetividad, que es muy importante.
Entonces, las escuelas son espacios sociales muy importantes,
al mismo tiempo que están superpuestas,
conviven, se yuxtaponen con muchos otros espacios
sociales de otras características. A mí me parece que si
uno entiende los límites también puede pensar en las alternativas
que hay para hacer otras cosas. Y en algún
sentido, decir esto también implica una teoría del cambio,
que es más histórica pero por supuesto que también
tiene que ver con el futuro, y también tiene que ver con
la idea del amor a los chicos. Es interesante que este
mismo sentimiento esté también presente en la manera
en que las ciencias de la educación piensan que tienen
que cambiar a los niños para un futuro mejor.
Volviendo a la pregunta, creo que hay que ser bastante
cauto acerca de la afirmación -bastante arrogante en
el fondo-, de que hay que cambiar a los niños para
cambiar la sociedad. Y también creo que en las instituciones
educativas debería haber más humildad.
De la misma manera, creo que los discursos científicos
sobre la educación deben ser menos arrogantes y
más humildes, sobre todo en relación a su posibilidad
de programar el futuro. Es cierto que en algún sentido
la sociedad moderna requiere planificación, y cuando los
chicos llegan a la escuela se requiere cierta planificación,
pero no estoy seguro de que el rol de la investigación
tenga que estar tan asociado a eso, o que lo único
que pueda o que deba hacer es buscar programar
el futuro.
| Universalismo y globalización |
–En las escuelas hay muchos discursos fatalistas, y tal vez
usted pueda ayudarnos a pensar en interrumpir estos discursos
fatalistas.
–En realidad, todo mi argumento tiene que ver con interrumpir
esos discursos. Las cosas que pensamos que son
muy naturales, no son naturales. Una cuestión interesante
a interrumpir es la idea de globalización, donde se instalan
muchos discursos fatalistas. En el libro me refiero a la cuestión
del cosmopolitismo, y ahí es importante decir que uno
puede encontrar movimientos similares a la interacción o
integración mundial, en la idea de una iglesia universal y
en muchas otras cuestiones que eran también discursos
globales o universales, desde hace varios siglos o incluso
milenios. Habría que distinguir más finamente entre universalismo
y globalización, pero hoy parece que el único universalismo
posible es la globalización. Hace un siglo y medio,
las reformas educativas también eran cuestiones globales;
no sé si globales pero sí por lo menos transatlánticas, porque
no sucedían solo en Estados Unidos sino también en Europa,
y con seguridad en América Latina. Entonces, ante la globalización
de hoy la pregunta para mí es: ¿Por qué se la llama
globalización? ¿Qué es lo que permite ver, y qué es lo que
oscurece pensar sobre las dinámicas de interacción en el
mundo en términos de globalización? Porque no es algo
nuevo: nuestros ancestros vinieron de distintos lados y fueron
a distintos lados, se movieron en el globo, buscaron otros
horizontes, con sueños que podían cumplirse en geografías
distintas. Hace un tiempo compilé un libro sobre John Dewey
y cómo fue leído y traducido en distintos países, y encontré
muchos elementos interesantes; a principios de 1900 había
gente de Japón, de Turquía, de China, de Colombia, de la
Argentina, que lo leía. Estaban las exposiciones universales,
todas esas eran cuestiones universales, incluso en ese momento
había movimientos que podríamos llamar globales;
se tomaban algunas cuestiones y se las adoptaba como propias.
Lo interesante es que las ideas de Dewey no fueron tomadas
de la misma manera en todos lados. Habría que pensar
lo mismo para el momento actual. Si uno puede empezar
a pensar las cosas así, la globalización no siempre será un destino
fatal sino que podrá ser reapropiada o tomada de distintas
maneras. |
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