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Hoy
que entre paños funerarios llega
la noche al sol, la soledad al día,
y de rodillas la melancolía
toda mi patria en lágrimas anega;
mientras, rota su alma, el pueblo ruega
por quien fue la mitad de su alegría
y en túmulos de flores aún porfía
en negarla a la muerte dura y ciega;
¡canta, corazón mío, sobre
el llanto
y haz del quebranto sangre de mi pluma
tú que entre tantos la quisiste tanto;
cercena tu dolor, calla tu queja,
que ya la luna tramontó y hoy suma
su resplandor al sol con que nos deja!
José
María Castiñeira de Dios
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