Canciones
Poesías y relatos

Dos elogios y dos comentarios


Señora, quédate aquí
en estos versos fugaces.
La flor del lino se fue
para que tú te quedases.
Señora, quédate aquí
si prefieres nuestro asedio.
Andan nuestros corazones
con tu corazón al medio.
Señora, quédate aquí:
haremos bien tus mandados.
¡Cómo alumbra tu sonrisa
sobre los descamisados!
Señora, quédate aquí,
tan pulcra e iluminada.
¡Qué bien alumbra tu trigo
sobre mi chacra agrietada!
Eva Perón, señora, es harina del pueblo,
harina y miel del pueblo de esta dulce Argentina.
Eva Perón, señora, tiene a Dios en sus manos,
en sus manos habita el ángel de la harina.
Eva Perón, señora, es una brasa joven
que se queda hasta el alba para encender el día.
Eva perón, señora, tiene el corazón claro,
corazón al alcance de tu mano y la mía.
Señora, te digo brasa
para que entibies mi noche
y mi camino y mi casa.
Te digo dulce madera
para que flotes
en mi amargura marinera.
Te digo luna, te digo creciente,
para pedirte la iluminación del trigo.
Eva Perón, señora, habla de cosas simples.
Sus menores latidos se asoman hacia fuera.
Para que los veamos. Para que los miremos.
Ella tiene, señora, sonrisa verdadera.
Eva Perón, señora, prefiere al pueblo pobre
y bajo su mirada perdemos todo el orgullo.
Yo hablo de ella, señora, porque también soy pueblo.
Yo también formo parte de este pueblo que es suyo.

Fermín Chávez


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