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Señora,
quédate aquí
en estos versos fugaces.
La flor del lino se fue
para que tú te quedases.
Señora, quédate aquí
si prefieres nuestro asedio.
Andan nuestros corazones
con tu corazón al medio.
Señora, quédate aquí:
haremos bien tus mandados.
¡Cómo alumbra tu sonrisa
sobre los descamisados!
Señora, quédate aquí,
tan pulcra e iluminada.
¡Qué bien alumbra tu trigo
sobre mi chacra agrietada!
Eva Perón, señora, es harina del
pueblo,
harina y miel del pueblo de esta dulce Argentina.
Eva Perón, señora, tiene a Dios
en sus manos,
en sus manos habita el ángel de la harina.
Eva Perón, señora, es una brasa
joven
que se queda hasta el alba para encender el
día.
Eva perón, señora, tiene el corazón
claro,
corazón al alcance de tu mano y la mía.
Señora, te digo brasa
para que entibies mi noche
y mi camino y mi casa.
Te digo dulce madera
para que flotes
en mi amargura marinera.
Te digo luna, te digo creciente,
para pedirte la iluminación del trigo.
Eva Perón, señora, habla de cosas
simples.
Sus menores latidos se asoman hacia fuera.
Para que los veamos. Para que los miremos.
Ella tiene, señora, sonrisa verdadera.
Eva Perón, señora, prefiere al
pueblo pobre
y bajo su mirada perdemos todo el orgullo.
Yo hablo de ella, señora, porque también
soy pueblo.
Yo también formo parte de este pueblo
que es suyo.
Fermín
Chávez
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