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Su
fe en las ciencias
Una esperanza
creía en los tipos fisonómicos, tales como los ñatos,
los de cara de pescado, los de gran toma de aire, los cetrinos y los
cejudos, los de cara intelectual, los de estilo peluquero, etcétera.
Dispuesta a clasificar definitivamente estos grupos, empezó por
hacer grandes listas de conocidos y los dividió en los grupos
citados más arriba. Tomó entonces el primer grupo, formado
por ocho ñatos, y vio con sorpresa que en realidad estos muchachos
se subdividían en tres grupos, a saber: los ñatos bigotudos,
los ñatos tipo boxeador y los ñatos estilo ordenanza de
ministerio, compuestos respectivamente por 3, 3 y 2 ñatos. Apenas
los separó en sus nuevos grupos (en el Paulista de San Martín,
donde los había reunido con gran trabajo y no poco mazagrán
bien frappé) se dio cuenta de que el primer subgrupo no era parejo,
porque dos de los ñatos bigotudos pertenecían al tipo
carpincho, mientras el restante era con toda seguridad un ñato
de corte japonés. Haciéndolo a un lado con ayuda de un
buen sándwich de anchoa y huevo duro, organizó el subgrupo
de los dos carpinchos, y se disponía a inscribirlo en su libreta
de trabajos científicos cuando uno de los carpinchos miró
para un lado y el otro carpincho miró hacia el lado opuesto,
a consecuencia de lo cual la esperanza y los demás concurrentes
pudieron percatarse de que mientras el primero de los carpinchos era
evidentemente un ñato braquicéfalo, el otro fíato
producía un cráneo mucho más apropiado para colgar
un sombrero que para encasquetárselo. Así fue como se
le disolvió el subgrupo, y del resto no hablemos porque los demás
sujetos habían pasado del mazagrán a la caña quemada,
y en lo único que se parecían a esa altura de las cosas
era en su firme voluntad de seguir bebiendo a expensas de la esperanza.
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