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Relojes
Texto Un
fama tenía un reloj de pared y todas las semanas le daba cuerda
CON GRAN CUIDADO. Pasó un cronopio y al verlo se puso a reír,
fue a su casa e inventó el reloj-alcachofa a alcaucil, que de
una y otra manera puede y debe decirse.
El reloj
alcaucil de este cronopio es un alcaucil de la gran especie, sujeto
por el tallo a un agujero de la pared. Las innumerables hojas del alcaucil
marcan la hora presente y además todas las horas, de modo que
el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una hora.
Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora
justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una nueva vuelta
de hojas. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse,
y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran
contento, entonces se la come con aceite, vinagre y sal, y pone otro
reloj en el agujero.
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