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Lo
particular y lo universal
Un cronopio
iba a lavarse los dientes junto a su balcón, y poseído
de una grandísima alegría al ver el sol de la mañana
y las hermosas nubes que corrían por el cielo, apretó
enormemente el tubo de pasta dentífrico y la pasta empezó
a salir en una larga cinta rosa. Después de cubrir su cepillo
con una verdadera montaña de pasta, el cronopio se encontró
con que le sobraba todavía una cantidad, entonces empezó
a sacudir el tubo en la ventana y los pedazos de pasta rosa caían
por el balcón a la calle donde varios famas se habían
reunido a comentar las novedades municipales. Los pedazos de pasta rosa
caían sobre los sombreros de los famas, mientras arriba el cronopio
cantaba y se frotaba los dientes lleno de contento. Los famas se indignaron
ante esta increíble inconsciencia del cronopio, y decidieron
nombrar una delegación para que lo imprecara inmediatamente,
con lo cual la delegación formada por tres famas subió
a la casa del cronopio y lo increpó, diciéndole así:
-Cronopio,
has estropeado nuestros sombreros, por lo cual tendrás que pagar.
Y después,
con mucha más fuerza:
-¡Cronopio,
no deberías derrochar así la pasta dentífrico!
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