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Lucas,
sus desconciertos
Allí
por el año del gofio Lucas iba mucho a los conciertos y dale
con Chopin, Zoltan Kodaly, Pucciverdi y pare que te cuento Brahms y
Beethoven y hasta Ottorino Respighi en las épocas flojas. Ahora
no va nunca y se las arregla con los discos y la radio o silbando recuerdos,
Menuhin y Friedrich Gulda y Marian Anderson, cosas un poco paleolíticas
en estos tiempos acelerados, pero la verdad es que en los conciertos
le iba de mal en peor hasta que hubo un acuerdo de caballeros entre
Lucas que dejó de ir y los acomodadores y parte del publico que
dejaron de sacarlo a patadas. ¿A que se debía tan espasmódica
discordancia? Si le preguntás, Lucas se acuerda de algunas cosas,
por ejemplo la noche en el Colón cuando un pianista a la hora
de los bises se lanzó con las manos armadas de Khatchaturian
contra un teclado por completo indefenso, ocasión aprovechada
por el público pare concederse una crisis de histeria cuya magnitud
corresponda exactamente al estruendo
alcanzado por el artista en los paroxismos finales, y ahí lo
tenemos a Lucas buscando alguna cosa por el suelo entre las plateas
y manoteando pare todos lados.
- ¿Se le perdió algo, señor? - inquirió
la señora entre cuyos tobillos proliferaban los dedos de Lucas
- La música, señora - dijo Lucas, apenas un segundo antes
de que el senador Poliyatti le zampara la primera patada en el culo.
Hubo asimismo la velada de lieder en que una dame aprovechaba delicadamente
los pianissimos de Lotte Lehman pare emitir una tos digna de las bocinas
de un templo tibetano, razón por la cual en algún momento
se oyó la voz de Lucas diciendo: "Si las vacas tosieran,
toserían como esa señora", diagnóstico que
determinó la intervención patriótica del doctor
Chucho Belaustegui y el arrastre de Lucas con la cara pegada al suelo
hasta su liberación final en el cordón de la vereda de
la calle Libertad. Es difícil tomarle gusto a los conciertos
cuando pasan cosas así, se esta mejor at home.
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