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Lucas,
sus estudios sobre la sociedad de consumo
Como el
progreso no conoce límites, en España se venden paquetes
que contienen treinta y dos cajas de fósforos (léase cerillas)
cada una de las cuales reproduce vistosamente una pieza de un juego
completo de ajedrez: Velozmente un señor astuto ha lanzado a
la venta un juego de ajedrez cuyas treinta y dos piezas pueden servir
como tazas de café; casi de inmediato el Bazar Dos Mundos ha
producido tazas de café que permiten a las señoras más
bien blandengues una gran variedad de corpiños lo suficientemente
rígidos, tras de lo cual Ives St. Laurent acaba de suscitar un
corpiño que permite servir dos huevos pasados por agua de una
manera sumamente sugestiva. Lástima que hasta ahora nadie ha
encontrado una aplicación diferente a los huevos pasados por
agua, cosa que desalienta a los que los comen entre grandes suspiros;
así se cortan ciertas cadenas de la felicidad que se quedan solamente
en cadenas y bien catas dicho sea de paso.
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